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martes, 1 de julio de 2008

Teorías de la vida y de la educación (Caos calmo)

Nanni Moretti dirá lo que quiera (que no es una decisión racional, que no lo había planificado...), pero su tema es el dolor. El dolor y su posterior reciclado en energía vital. En Caos calmo (2008) se ocupa únicamente del guión, pero la idea central de la novela de Sandro Veronesi --que ha adaptado e interpretado-- es el dolor y sus secuelas igual que La habitación del hijo (2001): en ésta se trataba de sobrevivir a la muerte de un hijo, en Caos calmo de reiniciar la vida tras la muerte de la esposa (en ambos casos sobrevenida de forma inesperada).

La película me recuerda mucho al cine de François Truffaut (lo cual es un factor determinante para mi favorable impresión general): un argumento mínimo da pie a una serie de situaciones, reflexiones y encuentros que expresan algo más de lo que muestran, la peripecia de un hombre paralizado por la pérdida. Caos calmo cuenta la historia de Pietro Paladini, un superejecutivo del mundo audiovisual que decide quedarse cada mañana frente al colegio de su hija de diez años porque está convencido de que si la abandona para ir al trabajo, si él mismo se abandona al dolor por la muerte de su esposa, su hija sufrirá las consecuencias. Las reacciones a esta decisión no se hacen esperar: poco a poco va levantando a su alrededor un universo hecho de pequeñas rutinas diametralmente opuestas al mundo cosmopolita en el que normalmente se mueve. Para empezar, se convierte en parroquiano habitual del cercano bar de Mario, intercambia intensas miradas con una atractiva mujer o come en casa de un desconocido, viudo como él. Pero eso no es todo, también recibe constantes visitas de personas que, con la excusa de ayudarle a superar la pena, lo que hacen es contarle las suyas: su zumbada cuñada, su hermano famoso, sus compañeros de trabajo, el presidente de la competencia (breve cameo de Roman Polanski)... Mientras tanto, su hija se asoma a la ventana para saludarle porque así se lo ha pedido él. Aunque por encima de todo destaco los encuentros con un niño con síndrome de Down que pasa cada mañana acompañado por su madre, los cuales proporcionan los momentos más emotivos de toda la película. Gracias a esta imprevista acumulación de pequeños sucesos, Pietro descubre ese otro mundo que se estaba perdiendo: el ritual de la salida del colegio, los cotilleos con las mamás, las actividades extraescolares, los cuentos antes de dormir... Todo para que finalmente consiga expulsar su dolor y se enfrente a otro reto aún más difícil de superar: ocuparse de que su hija tenga una vida feliz.



También quiero comentar la famosa escena de sexo: pues bien, aparte de estar integrada con pinzas en el argumento no veo por ningún lado el escándalo ni el atrevimiento; Almodóvar hacía cosas mucho más tórridas y explícitas en los ochenta y levantó menos polvareda. Etiquetarla como algo extemporáneo o fuera de lugar es la mejor manera de autodefinirse como mojigato.

Por si toda esta serie de aciertos no fuera suficiente hubo dos situaciones y dos frases en los que me vi tan identificado que por un momento creí que la película iba dirigida exclusivamente a mí. Las situaciones: Pietro y su hija en el coche, camino de su segunda residencia, hablando de sus cosas; su hija pidiéndole al llegar que la deje dormir con él. Sin duda Moretti sabe muy bien lo que es la vida cotidiana en las familias monoparentales. Las frases: "Hasta una cierta edad, los hijos sienten lo que sentimos nosotros; y no precisamente aquello que nos esforzamos en transmitirles, sino lo que queda oculto". Estas palabras de una terapeuta hacen que Pietro se venga abajo y a partir de ese instante comience su proceso de superación. La segunda se la dice Pietro a su hija casi al final de la película, después de un suceso tan optimista como poco probable: "Hay que decir las cosas, siempre", que es una variante casi exacta de la que uso yo con la mía, "Las cosas se tienen que decir". Me conforta comprobar que no voy tan desencaminado.

Caos calmo no es un filme difícil ni pedante, ni siquiera pretende hacer un retrato crítico del mundo: su simplicidad y su sentido común lo hacen muy recomendable, tanto que hasta yo mismo me voy a recomendar la novela para este verano. Print Friendly and PDF
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